Las secuelas del #17A, #18A y #19A

Varios brazos vendados en cabestrillo, cabezas grapadas y muchos moratones ocuparon anoche parte de la plaza de Oriente. También las historias de miedo y humillaciones que acompañan las heridas. Son secuelas de la marcha laica del pasado 17 de agosto contra la financiación pública de la visita del Papa, que terminó con ocho detenidos y al menos 15 heridos. Y de las dos noches siguientes, en que la policía volvió a disolver a palos las dos concentraciones que protestaban por el uso indiscriminado de la fuerza. A la luz del reguero de vídeos y fotografías que dejaron esas tres jornadas, la policía anunció el lunes la apertura de una investigación interna, y hoy ha incoado expedientes administrativos por faltas graves a tres agentes.

Las historias que compartieron unas 150 personas reunidas en asamblea en los jardines de la plaza del Cabo Noval necesitaron a ratos el empuje de un aplauso, para desbloquear nudos en las gargantas de quienes las contaban. Narran el discurrir de la manifestación del día 17, avalada por la Delegación del Gobierno en Madrid. Cuentan cómo en la Puerta del Sol la tensión subió al encontrarse con grupos de peregrinos. Y cómo después, en respuesta a provocaciones aisladas, la policía decidió cortar todos los accesos a la plaza y comenzar a cargar y a golpear. “Sin ton ni son apalearon a mi hijo”, relató una madre que vio cómo cuatro agentes le golpearon por la espalda y le tiraron al suelo, cuando, asegura, simplemente se dirigían a coger el metro. “Está aquí, pero está muerto de miedo desde entonces y no quiere que diga quién es”,  explicó la mujer.

Estaba también en la reunión, aunque no habló, el fotógrafo Daniel Nuevo, al que han visto ya más de 700.000 800.000 personas a través de Youtube siendo aporreado por fotografiar la agresión de un grupo de antidisturbios a una joven, el día 18 en la calle Atocha. Y la chica en cuestión, Katerina, de 17 años, que al relatar su historia mostró el mismo corage que se observa en la grabación. Y el amigo que la rescata en volandas de los golpes, y que también se llevó alguno. Y Alejandro un chico al que le abrieron la cabeza en una carga en el barrio de Alonso Martínez, la noche del 19. Una foto publicada el día siguiente por el diario Público congeló el momento en el que, estando ya sangrando en el suelo, una porra continúa golpeándole. Ellos han sido la cara visible de las agresiones. Pero hay más.

Herido el #17ADetenida y agredida el #17A

Agresores anónimos

La mayoría de los relatos que se escucharon en la plaza de Oriente tienen en común la sorpresa y la impotencia ante una reacción, la violencia policial, que no responde a ninguna acción más allá del hecho de encontrarse en una manifestación en la vía pública. Comparten, además, un elemento decisivo: la imposibilidad de identificar al agresor. La mayoría de los agentes de la Unidad de Intervención Policial (antidisturbios) incumplía las noches de las protestas la instrucción que en 2007 emitió el ahora ministro de Interior (entonces secretario de Estado de Seguridad), Antonio Camacho: una norma que les obliga a llevar en el uniforme su placa de identificación en un lugar bien visible y con dígitos grandes, para garantizar el derecho de los ciudadanos a poder leerlos “sin dificultad” incluso a la “distancia de respeto (1,2 metros)”.

Ante la inviabilidad de denunciar directamente al causante de la agresión, por no conocer su identidad, los abogados presentes en la reunión, miembros de la comisión de Legal de Asamblea Sol, recomendaron recopilar cuantas fotos, vídeos y testimonios directos sean posibles obtener. Como recordaron, se puede solicitar a los medios de comunicación que estuviesen en la zona que faciliten los brutos (la grabación completa, sin editar) de los hechos, y si no lo hacen de forma voluntaria, el juez de instrucción que investigue el caso puede requerírselos legalmente. Apuntaron también que al hacer la denuncia, se solicite al juzgado que averigüe qué brigada estaba desplegada en el área donde ocurrió la agresión, para que el mando al cargo de la operación identifique a sus agentes o responda como responsable. A falta de identificación personal se puede aportar el número de matrícula del furgón policial en el que se desplacen los agentes. Alejandro, el de la cabeza abierta, se sabe tres de memoria.

Algunos de los agredidos se encontrarán con una contradenuncia de la policía, una práctica habitual que critican organizaciones como la Coordinadora para la Prevención de la Tortura y Amnistía Internacional. Ya le ha pasado a Pako, uno de los ocho detenidos la noche del 17, que presentarán una denuncia conjunta. Según contó, antes de detenerle, la policía le pegó y uno de los golpes en la cabeza le causó una fuerte hemorragia. Uno de los agentes dijo que había que llamar a una ambulancia, pero uno de sus compañero respondió: “Que se joda”. En la comisaría de Moratalaz, antes de que le llevasen al hospital tres horas después, cuenta que le azotaron también en la espalda mientras subía unas escaleras. Tiene cinco grapas en la cabeza. La policía le ha denunciado a él por agresión con una barra de hierro, que asegura que nunca tuvo, y le acusan de haber sido detenido en una manifestación anterior, algo que él niega porque, como relata, no reside en Madrid, sino en Barcelona. Por el delito de atentado contra la autoridad del que le acusan le podrían caer dos años de cárcel y mientras, tiene que comparecer en comisaría cada dos semanas.

Consejos legales

La comisión de legal recordó que, tras una agresión, el primer paso, y el más urgente, es dirigirse a un hospital o centro de salud y pedir un parte de lesiones. El segundo, poner una denuncia, bien en comisaría, bien en un juzgado de guardia. Recomiendan, no obstante, esta segunda opción para evitar denunciar a un policía ante otro agente del mismo cuerpo.

En caso de detención ilegal, los abogados explicaron que el detenido tiene derecho a solicitar el habeas corpus. Como explicaron, consiste en ser trasladado inmediatamente ante un juez para que sea este quien decida si la detención es efectivamente ilegal o no. El apresado puede pedirlo ante el mismo policía. Aconsejan, sin embargo, que lo escriba un abogado o familiar que, desde fuera, pueda redactar mejor la demanda, sin las presiones a las que puede verse sometido quien se encuentra bajo custodia policial.

Las dificultades de pedir responsabilidades a sus agresores están ahí, nadie las obvió en la asamblea de ayer. Pero también están la humillación como la que asegura que sintió Pako. La indefensión que narraba la madre que presenció la paliza a su hijo. El miedo de este. Y la necesidad de denunciar para avanzar en la garantía de los derechos de los ciudadanos que reivindican los abogados de la comisión de Legal. Por eso habrá denuncias. Y Legal se ofrece a ayudar a quienes les quieran contactar. Su mail es denuncias15m@gmail.com. Están también organizando un grupo de apoyo psicológico para las otras heridas, las que no se ven.

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Un pensamiento en “Las secuelas del #17A, #18A y #19A

  1. Quisiera decir en favor de la Policía que la mayoría de agentes con los que me he topado han sido muy pacientes con quienes, aprovechándose de la indignación (pacífica) general, han descargado su rabia contra ellos, mofas e insultos mediante. La admiración y el respeto que se ganaron entre todos durante las movilizaciones del 15M, sin embargo, la han perdido durante la JMJ al comportarse (unos pocos) de esta forma (y con la connivencia del resto). Que se disculpen y que los culpables sean castigados!

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